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La mesa imperial

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Hasta finales de los años 90 se había dado una irregularidad total en relación con la ocupación media del restaurante. Esta oscilaba entre cero y su máxima capacidad en las fechas consideradas como temporada alta y algunos fines de semana, cuando se podían superar incluso los cien comensales por servicio, tanto al mediodía como por la noche.

De modo que el nivel de demanda sumado a una estructura de la oferta todavía en evolución, permitían atender eventos en momentos determinados. Uno de los formatos más habituales era la reunión de pequeños grupos de amantes de la gastronomía a los que se les ofrecía la posibilidad de vivir la experiencia en una imponente mesa imperial que permitía disfrutar de una mejor interacción entre todos los participantes.

Para ello se diseñó una mesa cuyo tamaño se podía adaptar en función del número de personas, hasta un máximo de 25 comensales.

La mesa imperial también fue protagonista de las magníficas veladas gastronómicas que se llevaron a cabo en el marco de las jornadas “Tres días en Cala Montjoi” entre 1993 y 1999.

Cuando la estructura de la oferta evolucionó, la complejidad de la puesta en escena del menú degustación llevó a limitar el número de comensales que se atendían cada día a 50 personas. También se limitó a ocho el número máximo de personas que podían reunirse en un mismo grupo, lo que hizo que este formato de mesa perdiese protagonismo.

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