
Este cuarto enclave de la exposición está dedicado a “la cocina como lenguaje” a través de un planteamiento codificado de los elementos que se dan cita en el proceso gastronómico, desde el momento de cocinar hasta que el comensal degusta la elaboración.
Además, se puede observar un ejemplo práctico de esta codificación. Se trata de un diagrama de flujo que nos permite comprender la complejidad que hay detrás de una receta como el “pollo al curry” de elBulli, una elaboración de 1995 que se presenta aquí desglosada a través de todo el alfabeto culinario con el que se elabora.
En definitiva, la cocina es un lenguaje que transmite conocimiento, emociones y sentimientos y racionalización. Y esto se consigue a través de las elaboraciones que degustamos.
En esta instalación, este lenguaje se lleva al límite conceptual para comprender la complejidad que hay detrás de lo que llamamos “cocinar”. Y es que para desarrollar un lenguaje hace falta un alfabeto y en la cocina este alfabeto está compuesto por la conjugación de diferentes elementos que intervienen en el proceso gastronómico: productos, herramientas, técnicas, conceptos y elaboraciones intermedias, que se suman para dar forma a las elaboraciones que se degustan. S
e trata de un alfabeto universal que se puede utilizar en cualquier tipo de cocina y que se plasma en las recetas, uno de los primeros algoritmos que creó la humanidad y que son un recurso esencial que permite cocinar con total precisión todas las elaboraciones que degustamos.
Además, se puede observar un ejemplo práctico de esta codificación. Se trata de un diagrama de flujo que nos permite comprender la complejidad que hay detrás de una receta como el “pollo al curry” de elBulli, una elaboración de 1995 que se presenta aquí desglosada a través de todo el alfabeto culinario con el que se elabora.
En definitiva, la cocina es un lenguaje que transmite conocimiento, emociones y sentimientos y racionalización. Y esto se consigue a través de las elaboraciones que degustamos.
En esta instalación, este lenguaje se lleva al límite conceptual para comprender la complejidad que hay detrás de lo que llamamos “cocinar”. Y es que para desarrollar un lenguaje hace falta un alfabeto y en la cocina este alfabeto está compuesto por la conjugación de diferentes elementos que intervienen en el proceso gastronómico: productos, herramientas, técnicas, conceptos y elaboraciones intermedias, que se suman para dar forma a las elaboraciones que se degustan. S
e trata de un alfabeto universal que se puede utilizar en cualquier tipo de cocina y que se plasma en las recetas, uno de los primeros algoritmos que creó la humanidad y que son un recurso esencial que permite cocinar con total precisión todas las elaboraciones que degustamos.