
Cuando Ferran Adrià llegó a elBullirestaurante en el año 1983, el público de elBulli, solía comer, mayoritariamente, a la carta, a pesar de que el menú degustación era una fórmula frecuente en muchos restaurantes de alta gastronomía. Por ello, la estructura del menú degustación que se ofrecía era la estándar y apenas se diferenciaba de los menús de otros restaurantes de categoría semejante.
A partir de la década de los 90 empezaron a realizarse cambios, primero “amables” (como la aparición del mundo conceptual de las tapas o el hecho de sustituir progresivamente el carro de postres por una oferta de postres a la carta) y luego más directos, propiciados por la revolución técnico-conceptual que se produjo entre 1994 y 1997, que condujo a implementar una estrategia clara que acabaría con la definitiva desaparición de la carta en 2002. De esta manera el menú degustación se convirtió en la fórmula experiencial única del restaurante.
La evolución continua a la que fue sometida la estructura del menú respondía al principio creativo de explorar los límites físicos y mentales de la experiencia gastronómica.
Ferran Adrià concebía cada menú como una obra global, donde cada elaboración que se degustaba interactuaba con las demás conformando un todo conectado, construyendo así una narrativa que interpelaba al comensal. Utilizaba la cocina como lenguaje para expresarse y presentar un discurso propio, bajo una filosofía, con una intencionalidad, apelando no únicamente a la dimensión organoléptica, a la sensopercepción y a la memoria, sino también a otras dimensiones del ser humano: la razón, las emociones y la espiritualidad.
A partir de la década de los 90 empezaron a realizarse cambios, primero “amables” (como la aparición del mundo conceptual de las tapas o el hecho de sustituir progresivamente el carro de postres por una oferta de postres a la carta) y luego más directos, propiciados por la revolución técnico-conceptual que se produjo entre 1994 y 1997, que condujo a implementar una estrategia clara que acabaría con la definitiva desaparición de la carta en 2002. De esta manera el menú degustación se convirtió en la fórmula experiencial única del restaurante.
La evolución continua a la que fue sometida la estructura del menú respondía al principio creativo de explorar los límites físicos y mentales de la experiencia gastronómica.
Ferran Adrià concebía cada menú como una obra global, donde cada elaboración que se degustaba interactuaba con las demás conformando un todo conectado, construyendo así una narrativa que interpelaba al comensal. Utilizaba la cocina como lenguaje para expresarse y presentar un discurso propio, bajo una filosofía, con una intencionalidad, apelando no únicamente a la dimensión organoléptica, a la sensopercepción y a la memoria, sino también a otras dimensiones del ser humano: la razón, las emociones y la espiritualidad.
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