¿Cómo se puede definir la innovación social?
La innovación social es la innovación aplicada a mejorar la vida de las personas. Puede implicar a instituciones, ONGs o empresas, aunque en el mundo de la empresa son más habituales otros conceptos como el de sostenibilidad, que puede incluir aspectos ambientales y también sociales, o impacto social. Entre especialistas de estas diferentes temáticas, de perfiles muy diferentes entre sí, varios de ellos no se identificarían con el concepto de innovación social a priori, pero consideran que es el más adecuado para designar el tema de interés que les une, y para dialogar sobre ello.
Tanto en inglés como en lenguas románicas, innovación comparte raíz con nuevo. Innovación, por lo tanto, implica renovación o cambio, pero ese cambio puede ser positivo o no, y puede ser considerado positivo o no dependiendo de para quién. Es innovación social aquella innovación en la que hay un cambio positivo para el conjunto de la sociedad y se genera un valor añadido para el bien común.
En euskera, innovación es berrikuntza, y comparte raíz con nuevo pero también con repetido, lo que lleva a la reflexión de que, en la innovación, es esencial experimentar de forma repetida, iterativa, y que innovación también puede ser dar un nuevo propósito a algo ya existente, lo que se podría denominar retroinnovación.
La definición de innovación social debe tener en cuenta, por un lado, el qué y, por otro lado, el cómo. En cuanto al qué, lo social tiene que ver, por ejemplo, con servicios públicos como el sistema educativo o el sistema sanitario. También incluye el rol de otros actores, fuera del sector público, en la educación o la salud. Desde el enfoque comunitario hasta el empresarial, pasando por la economía social.
Otra perspectiva es considerar que innovación social puede ser cualquier innovación, cualquier cambio, en las dinámicas de funcionamiento de la sociedad, incluyendo, por ejemplo, la forma como la tecnología ha transformado radicalmente la comunicación entre las personas, y por lo tanto las relaciones de pareja, de amistad, o entre familiares.
Además de lo social, también hay que tener en cuenta lo ambiental, o ecológico. De hecho, el concepto innovación social podría sustituirse por innovación ecosocial, para explicitar que esas dos dimensiones estan inevitablemente unidas.
Más allá de las temáticas, también hay que referirse al nivel de transformación, que puede ser más coyuntural o más estructural. Se puede considerar que solamente hay innovación social real cuando hay cambios en los niveles más profundos del modelo del iceberg de Donnella Meadows: no solamente en los objetos visibles, lo que está encima de la superfície, sino en lo invisible, lo que está oculto bajo la superfície: patrones, estructuras de los sistemas, y modelos mentales.
Pero, en la definición de innovación social, tanto o más importante que el qué, es el cómo: la forma de innovar. Social proviene del latín socii, socio o aliado. La innovación social es la innovación que se produce a través de alianzas y colaboraciones, y teniendo como punto de partida, no solamente como destinatarios, a la propia ciudadanía, las comunidades, los diferentes actores implicados.
En este sentido, en el mundo de la empresa se puede asociar el concepto de innovación social a la inclusión de los stakeholders, o grupos de interés, en el procesos de toma de decisiones, con ejercicios como el mapeo de grupos de interés o el análisis de materialidad, para el conjunto de la actividad de la empresa, sea cual sea su actividad.
¿Con qué se puede comparar la innovación social?
La innovación social se puede comparar con la innovación tecnológica y la innovación empresarial, que normalmente son más resultadistas, y con una concepción sobre el resultado a alcanzar que normalmente es más cortoplacista, más estrecha, más determinista. El resultado a alcanzar suele ser el avance de las nuevas tecnologías por sí mismo y/o el beneficio económico por sí mismo.
Por el contrario, la innovación social trata con retos complejos, multifactoriales, multidimensionales, sobre los que no se puede conocer de antemano la solución o resultado deseable. De hecho, probablemente no tienen una única solución o resultado deseable. Y, aunque el resultado pueda implicar también un avance de las nuevas tecnologías o un beneficio económico, no es únicamente eso.
La innovación tecnológica y la innovación empresarial no necesariamente implican progreso. Según el libro ‘Power and Progress’, de Simon Johnson y Daron Acemoglu, la evidencia contemporánea y la historia del desarrollo tecnológico de la humanidad confirman que no es automático que las nuevas tecnologías generen prosperidad para el conjunto de la sociedad. Que lo hagan o no depende de las decisiones económicas, políticas y sociales que se tomen. También es posible que generen nuevos problemas, por ejemplo mayor desigualdad.
La innovación social es la innovación que genera progreso y no nuevos daños ni mayor desigualdad.La innovación social también se puede comparar con otras iniciativas innovadoras con finalidades sociales, de mejora de la vida de las personas, o de generación de valor añadido para el bien común, pero sin el mismo componente social en la forma, sin alianzas y colaboraciones entre los actores.
Por ejemplo, las iniciativas que están en el extremo opuesto a aquellas en las que se imponen soluciones por parte de las instituciones sin contar con la ciudadanía: iniciativas totalmente descentralizadas, en las que el rol de las instituciones no es el único, ni el principal, ni siquiera secundario, es inexistente. Movimientos espontáneos como el Mee too, que pueden ser más flexibles y más eficientes en su propia actividad, en comparación con iniciativas en las que intervienen instituciones, pero que por sí mismos, sin una traslación a nivel institucional, legislativa, política, judicial, etc., no pueden lograr transformaciones igual de profundas en las estructuras del sistema.
En esa misma línea están otras referencias comparables como el movimiento hacker, el del código abierto, o el del conocimiento abierto. También la actividad de artistas que cuestionan las ideas imperantes y el statu quo, con su arte y también con su forma de vida y estructuras sociales.
O iniciativas empresariales, como plataformas digitales de microcréditos o micromecenazgo, que se centran en hacer llegar dinero a personas que lo necesitan, pero que no intervienen en las causas profundas de esas situaciones de necesidad.
Dentro del conjunto de actores más habitualmente relacionados con el concepto de innovación social, como instituciones y ONGs, se puede comparar la innovación social con los procesos evolutivos de los proyectos existentes, sin una reflexión y sin un método para sistematizar y concretar innovaciones y transformaciones. Cambios más graduales y más asociados a la inercia y a factores externos que a una voluntad de innovación proactiva y explícita.
También se puede comparar la innovación social con la innovación en el funcionamiento interno del sector público, instituciones, ONGs, etc. En la gobernanza, la contratación, y en general todas las relaciones entre el sector público, el no gubernamental y el privado. Desde la colaboración publico-privada, incluyendo las externalizaciones de gestión de servicios públicos, al impulso de la participación ciudadana y el empoderamiento de los ciudadanos individuales y de colectivos de la sociedad civil organizada. También las iniciativas para definir nuevos derechos, por ejemplo los derechos digiales, o incluso iniciativas para otorgar personalidad legal y derechos legales a elementos de la naturaleza.
¿Cómo se puede clasificar la innovación social?
Para clasificar la innovación social es necesario definir, por un lado, una categorización o taxonomía para las temáticas en las que se trabaja, y por otro lado, otra para el propio trabajo.
Un punto de partida para la categorización de temáticas podrían ser los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Pese a que se conocen más los 17 objetivos o categorías principales, se trata de una estructura de categorías y subcategorías, descomponiéndose cada una de las 17 categorías principales en un segundo nivel con muchos objetivos y finalmente un tercer nivel con muchos indicadores para medir la consecución de esos objetivos.
Vinculados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en inglés Sustainable Development Goals y también llamados Global Development Goals, existen los Inner Development Goals, que ponen el foco en el crecimiento personal como una condición necesaria para la transformación social.
Otra clasificación son los criterios ESG, en castellano ASG, siglas de ambientales, sociales y de gobernanza. Los especialistas en innovación social tienen un especial interés en el desarrollo, por parte de las empresas, de la “S” de los criterios ESG, ya que hasta ahora los esfuerzos se han centrado mucho más en la sostenibilidad ambiental. La innovación social en sentido amplio, que también se podría denominar ecosocial, se corresponde con conjunto de los criterios ESG, incluyendo los aspectos ambientales, sociales y de gobernanza.
Otra referencia de clasificación es la llamada taxonomía social de la Unión Europea, también vinculada al mundo empresarial.
En el mundo empresarial, la innovación social está muy vinculada al compliance y el reporting, así como al marketing y la comunicación, cosa que invita a una reflexión sobre hasta qué punto es sincera la voluntad de contribución al bien social por parte de las empresas. Y, más allá de la sinceridad, si las actuaciones en esa dirección son reales o no. En el lado más crítico se encuentran las acusaciones de greenwashing o purplewashing: el uso por parte de las empresas, en su comunicación, de causas ambientales o causas sociales, para lavar su imagen, de forma incoherente con su forma de actuar. En el otro lado, más positivo, se destaca que la preocupación por parte de las empresas acaba siendo real en la medida en que los consumidores tienen en cuenta esos aspectos en sus decisiones de consumo.
Entre los grandes temas se podrían incluir el medio ambiente, la educación y formación, la orientación sociolaboral, la economía social, la sanidad, las pensiones o el sistema de cuidados de personas mayores, entre otros.
En cuanto a la categorización del propio trabajo en innovación social, algunos elementos de una taxonomía podrían ser el contexto, las organizaciones, las personas, los procesos, las herramientas, los proyectos, los productos, los servicios, los resultados…
Vinculado al contexto y las organizaciones, se podría hacer una subdivisión entre agentes públicos e instituciones, privados y empresas, academia, organizaciones sociales, sociedad civil, agentes informales… Esa subdivisión también debería contemplar los híbridos que se puede considerar que rompen las fronteras tradicionales, como empresas sociales o de impacto o B Corp, o las organizaciones a medio camino entre la política institucional y los movimientos sociales, o las llamadas social compact organizations, menos burocráticas y más ágiles.
En cuanto a procesos y acciones, la subdivisión debería tener en cuenta los diferentes niveles de intervención, a gran escala y a pequeña escala, que deben combinarse para lograr auténticas transformaciones a nivel sistémico. También la necesidad de la escucha, alianzas, participación, etc.
¿En qué contexto se ubica la innovación social?
La innovación social se ubica en el conjunto de toda la actividad desarrollada por los agentes que pueden estar implicados en la innovación social: el conjunto de toda la actividad desarrollada por el sector público, servicios públicos, partidos políticos, empresas de todo tipo, convencionales y también de la economía social, de impacto social, B corporation y similares, organizaciones sin ánimo de lucro, movimientos sociales, academia…
Las conexiones más directas con ese contexto superior son todas aquellas actividades parecidas a la innovación en general y a la innovación social: la innovación o transformación en el funcionamiento de las organizaciones de todo tipo, la innovación tecnológica, la innovación empresarial, el compliance y el reporting, y por lo tanto todo lo relacionado con aspectos legales y normativos, certificaciones, auditoría, medición, indicadores, etc.
Aplicando el pensamiento sistémico, el contexto o entorno está formado, en última instancia, por el conjunto de aspectos recogidos en los ODS, o en los criterios ESG, pero no como una clasificación, una división, sino como un todo interconectado. Los sistemas naturales, sistemas sociales y sistemas de gobernanza forman un mismo sistema. No son compartimentos, es un único mundo.
En esa misma línea de pensamiento, la visión sistémica y la consideración de los retos sociales como problemas complejos llevan a la reflexión de que esos retos solamente son abordables a través de las alianzas y colaboraciones, de la participación de los diferentes actores implicados, y no a nivel individual de una persona o una organización por su cuenta.
Uno de los elementos claves del contexto son las relaciones preexistentes entre los diferentes actores, y especialmente las relaciones de poder y de flujos económicos. Por ejemplo, entre las administraciones públicas, y los servicios públicos que ellas gestionan, y las organizaciones sociales o la economía social, y sus actividades cercanas a las de los servicios públicos, pero al margen de los servicios públicos, aunque a veces con la financiación y supervisión de la administración pública, no solamente como receptoras de subvenciones, también a través de la contratación. A veces, con la presencia también de empresas con ánimo de lucro, gestionando igualmente actividades con una finalidad social, pero con unas prioridades diferentes.
El poder, o capacidad de decisión, y los flujos monetarios, están ligados a normativas, legislación, presupuestos, etc. y también a la política, la opinión pública, las narrativas, etc. Las creencias alrededor de qué es aceptable y qué no, qué es prioritario y qué no, etc.
Las relaciones de poder y flujos económicos que afectan a la innovación social no son ajenos a las dinámicas que siguen las relaciones de poder y flujos económicos en global. Empezando por la innovación tecnológica o la innovación empresarial. Los procesos de concentración han hecho que, actualmente, las grandes empresas tecnológicas tengan más poder y recursos económicos que muchos estados. Junto a la legislación y a los sistemas de justícia, también son determinantes para muchos temas las normativas internas y la arquitectura de órganos de toma de decisiones de las grandes empresas tecnológicas. Por ejemplo, Facebook, después llamada Meta, con sus diferentes normativas de privacidad, que han ido evolucionando con el paso del tiempo, y con la instauración de la llamada Oversight Board, un órgano de supervisión teóricamente independiente de la estructura directiva de la empresa. Y Open AI con su aproximación a aspectos éticos del desarrollo de la inteligencia artificial, y su estructura interna de toma de decisiones, que también van cambiando con el paso del tiempo.
Una referencia en la que inspirarse, para mejorar la gobernanza en innovación en general, o en en innovación tecnológica, innovación empresarial o innovación social, podrían ser los procedimientos que garantizan la seguridad en la industria farmacéutica o en el ámbito de la construcción, que buscan el equilibrio entre seguridad y flexibilidad. Para una mejor toma de decisiones es clave la disponibilidad de datos e información, cosa que lleva a plantearse la oportunidad de disponer de datos abiertos, o de estructuras nuevas como cooperativas de datos, que permiten mejorar la toma de decisiones, con decisiones basadas en datos, sin comprometer la privacidad de los datos, por ejemplo en el ámbito de la salud. A la necesidad de nuevas estructuras se suma la necesidad de nuevas herramientas digitales para gestionar el creciente volumen de datos e información.
Un aspecto del contexto que condiciona mucho la innovación social es la actual arquitectura de las instituciones y organizaciones, desde la administración pública hasta las ONGs o las empresas. Las formas preexistentes llevan consigo unas premisas preexistentes. A pesar de que haya personas o grupos de personas capaces de analizar el funcionamiento actual de los sistemas e identificar posibilidades de transformación, haciendo cambios en ese funcionamiento, el gran reto con el que se encuentran es que la acción se lleva a cabo, al menos inicialmente, desde las instituciones actuales.
Hay cambios de planteamientos profundos que todavía provocan discusión, en todos los ámbitos. En el sector público, sobre si el contrato social sigue siendo entre el estado y los ciudadanos, o es de los ciudadanos entre sí. En las instituciones internacionales y ONGs, sobre si el desarrollo es sinónimo de crecimiento económico. En las empresas, sobre qué priorización y qué rol, más central o más colateral, deben tener aspectos los sociales, o sobre si el nivel de impacto social prioritario debe ser el de cada una de las empresas, el de todo un sector, o el de todo el conjunto del sector privado. Y a nivel científico, los enfoques etic y emic, la visión interna y externa, y la visión del protagonista y el analista.
¿Cómo ha evolucionado la innovación social?
La innovación con un objetivo social tiene orígenes remotos, que se pueden remontar a los orígenes de la humanidad, o como mínimo al paso del nomadismo al sedentarismo y los inicios de la organización social en asentamientos estables y más tarde en ciudades.
Un momento clave es el inicio de las luchas por mejoras en la vida de los ciudadanos, especialmente coincidiendo con la primera revolución industrial y con el obrerismo. Otro es el establecimiento de sistemas formalizados para prestar los llamados servicios públicos, que es algo relativamente reciente.
Una constante en la evolución histórica es el diálogo entre iniciativas más informales y autoorganizadas y la formalización de iniciativas con finalidades similares por parte, principalmente, del sector público, o con mayor participación del sector público.
Ese proceso hacia una mayor formalidad se puede considerar un proceso de codificación: una aproximación analítica, con el objetivo de comprender dinámicas sociales existentes surgidas de forma más espontánea, lleva aparejada una potencial definición de nuevas infraestructuras que formalicen esas prácticas, o práctivas similares con las mismas finalidades.
La evolución de la innovación social va muy ligada a la evolución de los diferentes modelos de gobernanza en diferentes momentos y geografías, muchas veces con un papel importante de la religión, las guerras, las revoluciones, y la acción y mobilización colectiva de la ciudadanía.
Muchas veces, innovaciones puramente tecnológicas, que en primera instancia no tienen una afectación a nivel social evidente a priori, acaban teniendo afectaciones sociales después, como efecto secundario. Un ejemplo claro es la imprenta y su rol en diferentes mobilizaciones y revoluciones, como la revolución protestante.
El concepto de innovación social como campo de conocimiento y práctica diferenciado surge vinculado a la aparición del Foro Social Mundial en 2001, de la revista Stanford Social Innovation Review en 2003, de la red internacional Social Innovation Exchange port parte de The Young Foundation en 2006, o a la publicación de ‘The Open Book of Social Innovation’, de Robin Murray, Julie Caulier-Grice y Geoff Mulgan, en 2010. En la década de 2010 estos planteamientos ganan terreno e influencia, a través del propio Geoff Mulgan o Mariana Mazzucato.
Actualmente, Geoff Mulgan impulsa un nuevo proyecto llamado The Institutional Architecture Lab. El concepto de las misiones, de Mariana Mazzucato, ha sido adoptado por las instituciones europeas, y puede suponer, además de una nueva forma de vehicular financiación pública, el establecimiento de nuevas estructuras para la articulación de alianzas. En ambos casos, el foco está, cada vez más, en la gobernanza, y por lo tanto en los procesos, no solamente de los agentes que se consideran parte del campo de la innovación social, sino del conjunto de todas las instituciones y organizaciones.
El futuro cercano de la innovación social estará marcado por nuevas tecnologías que están evolucionando mucho en muy poco tiempo, con consecuencias todavía inciertas, como la inteligencia artificial, que puede transformar radicalmente los retos existentes, para bien o para mal, o dar lugar a nuevos retos, y también puede transformar radicalmente el propio trabajo en innovación social, para bien o para mal.
Otra cuestiones determinantes en el futuro cercano serán los aspectos éticos de la tecnologia, y no solamente de la tecnología, o los retrocesos en derechos de la ciudadanía, vinculados a la tecnología, pero no solamente. El funcionamiento de la administración pública y de las instituciones en un sentido más amplio, como la democracia en general, o los derechos laborales y el propio concepto del trabajo en general, están sometidos a tensión y a transformación.
Esos cambios tecnológicos y sociales presentan retos y dificultades, pero también oportunidades, y para la innovación social, ambas dimensiones son relevantes. Hay oportunidades para definir el modelo de desarrollo tecnológico, el sistema económico, el rol del estado y del mercado, la institucionalización, la participación de la ciudadanía, el papel del consumidor… Y en el propio concepto de innovación social y otros conceptos vinculados como el de sostenibilidad, sea ambiental o también con la visión social y de gobernanza, se plantea una evolución hacia el concepto de regeneración, aplicado a todos los aspectos, tanto ambientales como sociales y de gobernanza.
Entre las herramientas para plantear ese futuro, más allá de herramientas tecnológicas, en el campo de la innovación social se consideran claves aproximaciones como el pensamiento sistémico, dentro del que se enmarcan herramientas como la metodología Sapiens, entre muchas otras, así como también la prospectiva y los escenarios de futuro, que los especialistas sugieren que pueden tener un desarrollo mayor dentro de la metodología Sapiens.